Aunque en rigor mi hora de colación terminó hace 60 minutos, debo confesar que me resulta imposible volver a conectarme con mi trabajo sino hasta las 4 de la tarde, y francamente, sé que muchos tienen también ese mal hábito de dormir después de almorzar.
Es terrible cuando sientes que no puedes ni siquiera levantarte de la mesa y que lo único que deseas es cerrar los ojos y no saber nada de nada, hasta que tu mismo cuerpo diga basta.
Dormir, un placer, a veces culpable que admito sin remordimientos. A veces pienso que me gustaría ser un poco más trabajólica, dedicarme practicamente las 24 horas del día a trabajar, simpre con energía y dispuesta a hacer cosas nuevas, pero cuando analizo esa idea rápidamente la desecho, la saco de mi disco duro, trabajar todo el día no es lo mío.
Me gusta desconectarme, despreocuparme de las cosas que me preocupan, aunque lamentablemente siempre estoy pensando en que voy a hacer con mi vida.
Y esa es la pregunta que me ha atormentado durante las últimas semanas y que desde hoy quiero compartir con todos.
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